martes, 23 de diciembre de 2014

Capítulo 2. Estrategia

—Y en el servicio —comentó Kalinga una vez acabaron los postres— que te creíamos un mero funcionario del gabinete de estadística.
—Y lo soy —respondió José—, al menos oficialmente. Si os he dicho todo esto es para convenceros de que me ayudéis. Quiero que, tanto en la Unión como en la Federación Rusa, establezcáis un simulacro de emergencia a partir de mañana y en los próximos diez días.
—Y ¿por qué? —preguntó Kalinga.
—Porque dentro de tres a cinco días la red dejara de funcionar.
El silencio era espeso, la tensión casi se podía ver. Nadia sabía que era algo grave, complejo, técnico, lo que se avecinaba, pero no exactamente el qué. Su puesto de ayudante era más bien administrativo, no técnico. Era buena, muy buena, lidiando con los burócratas del PUE y la administración europea, aun anterior al PUE, eso sin contar con el otro motivo por el que José y Nadia se relacionan. Motivo secreto solo conocido por ellos dos… y los millones de clientes y fans que tenían en la red, en su web de pago.
Nadia miró detenidamente a José tratando de deducir de sus palabras la causa de sus últimos encargos: el desvío de fondos a cierta isla del caribe. Las compras de oro, plata y otros metales preciosos, su depósito en la isla… así como lo que acumulaban en diversos escondites y en el coche. Incluso la gran cantidad de dinero en billetes y divisas, cuya posesión era ilegal, que le había entregado a Jamal.
—¿Te refieres a la Internet? —preguntó Robert
—Sí. Pero no solo eso, para muchos internet es hoy día únicamente la parte lúdica, yo me refiero a toda la red.
—Y… ¿No podéis evitarlo?
—No es que no podamos —explicó José—, es que no queremos. Para ser sincero: llevamos seis años preparando esta caída. La creación del CCII ha sido solo un paso más. La red permanecerá desconectada por un espacio de dos a tres meses.
—¿Por qué? —inquirió Kalinga—. ¿Y por qué ahora?
—Porque ya no hay más remedio. Hace años, bastantes, nació un grupo cuyo objetivo era controlar a las nacientes IAs…
—¿Ias? —se extrañó Nadia.
—Inteligencias artificiales, se abrevian con sus iniciales y aunque en teoría el plural debería ser duplicar las siglas muy habitualmente se añade una s minúscula en la red, disculpadme pero me he acostumbrado a esa jerga.
»Ya os digo que ese grupo era incipiente, e incluía a gente de varios países, preocupados por el control de las IAs en la política humana. Como sabéis hay países, algunos islámicos, otros en Sudamérica o Asia donde las inteligencias artificiales lo controlan todo.
—Pero eso es porque fuera de la red, a las multitudes, las controla el fanatismo —objetó Robert—. Eso no pasa en la civilizada Europa.
—Te asombraría saber cuántas decisiones de nuestros políticos están condicionadas por las inteligencias. Aunque es cierto que ellas no lo controlan todo. Pero sí en la mayoría de nuestros competidores, solo Rusia, Estados Unidos y la Unión se salvan, aunque no del todo —mintió descaradamente José.
José era consciente de la cantidad de procesos menores que en la Unión eran controlados por IAs, él mismo, a nivel privado disponía de unas cuantas para sus negocios secretos, pero más aún conocía como las IAs de personalidad de los jerarcas rusos dirigían el país mientras ellos disfrutaban de la seguridad de sus dachas[1] de lujo en la cúpula de nuevo San Petersburgo. También conocía las debilidades de los americanos y como las IAs se enfrentaban en el ciberespacio y gobernando las pandillas y corporaciones. Es cierto que las personas decidían en los Estados Unidos, pero las IAs ponían el dinero que estaba detrás de las decisiones. Aunque en otros lugares estaban peor. En China, India y multitud de países árabes los ejércitos controlados por implantados dominados por las IAs se enfrentaban entre sí. Solo Europa e Israel, que habían limitado los implantes parecían quedar fuera de la locura, aunque tenían las suyas propias.
—Sin embargo —las palabras de Witchmapell interrumpieron los pensamientos de José—, es difícil cerrar la red. Fue creada por los americanos capaz de superar incluso un ataque nuclear… es decir incluso aunque gran parte de ella cayera el resto seguiría funcionando. nunca se ha cerrado del todo, ni en los peores momento de la guerra indo-paquistaní, ¡y mira que los militares de todos los países lo intentaron!, por la gran cantidad de virus que difundieron.
—Es imposible cerrarla —insistió Kalinga—. La idea base de los protocolos es que ante la caída de un camino se buscaran otros….
—Esa es la teoría —le interrumpió José—, pero lamentablemente no la práctica. La mayoría dispone de un único punto de acceso. Y muchos nodos también tienen solo dos puntos uno de entrada y otro de salida. Y los que tienen más los tienen tan saturados que son incapaces de redirigir el tráfico.
— ¿Y América? —preguntó Kalinga—, ¿y la Federación rusa?
—América —repuso Nadia—, es decir los Estados Unidos, creemos que sigue manteniendo su red militar aparte. Desde el caso de los paquistaníes que trabajaban en Bell y que sabotearon dos líneas de comunicación muy importantes empezaron a tender de nuevo cables.
—En todo caso da igual —replicó José— porque la realidad es que los nodos los dirigen IAs y lo que vamos a destruir son las IAs.
—Pero —objetó Robert —. Eso es una locura. Nuestra defensa se basa en los satélites, y por tanto en la red. Sin ella estamos perdidos. Los integristas islámicos, que nos ganan en número atacaran y nos barrerán.

[1] Nombre habitual de los chalets y otro tipo de viviendas similares en Rusia.
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